Con Texto y Fotos: Secretaría de Turismo Baja California
Para muchos resultará una sorpresa, sin embargo, para quienes hayan tenido oportunidad de viajar y vivir Baja California, simplemente será la constatación de que esta tierra es uno de los lugares en donde mejor se come en México.
Y es que hablar de Baja California, es hablar de un microuniverso de sabores interminables, aroma a tortillas, langosta, vino y mariscos que parecieran superponerse con el único objetivo de deleitar cada uno de los sentidos de quien lo experimenta.
Desde la brisa salina de Ensenada hasta las laderas luminosas del Valle de Guadalupe, donde el mar y la vid parecen hablarse sin prisa esta tierra parece haberse hecho para convertirse en un paraíso gastronómico de una diversidad inimaginable.
Es así que los sabores en Ensenada desarrollaron su propia personalidad, echando mano de los productos que regala el mar y dando nacimiento a pequeños emprendimientos gastronómicos que con el tiempo se convirtieron en un referente al que no se puede pasar por alto, si lo que se pretende es conocer la historia gastronómica en estas latitudes.
La Guerrerense, el puerto hecho tostada
Así nació La Guerrerense; una historia que nació en 1960 como una carreta de mariscos y que, con el tiempo, se ha vuelto parte esencial de la memoria gastronómica de la ciudad. Impulsada por Sabina Bandera, su cocina se construye cada día con lo que el mar decide entregar: erizo, almeja, camarón, pescado fresco, como si el puerto cambiará de nombre cada mañana. Todo cobijado por salsas caseras que no sólo acompañan, sino que cuentan su propia historia, convirtiendo cada tostada en una firma reconocible más allá de Ensenada.





